Cáncer de cuello de útero

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Distinguimos cuatro terrenos en que un cáncer de cérvix se desarrolla:

  1. Desarmonía entre función digestiva y función inmunitaria producida por una caída del metabolismo hepático tras estrés continuado
  2. Acumulación de toxinas en el ámbito génito-urinario

TRATAMIENTO BIOLÓGICO: Es imprescindible una estimulación de la función digestiva absortiva y reforzar el sistema  inmunitario.

Es esencial el mantenimiento del estatus metabólico que protege al enfermo de la metastatización.

La experiencia clínica en hospitales de China presenta, por tanto, 8 ejes metabólicos como constituyentes posibles de la tumoración de cuello de útero por encima de la acción del virus del papiloma humano que solo desempeña su función dependiendo del terreno que estos ejes producen.

El cuello del útero es la parte inferior del útero (la matriz). El útero consiste de dos partes. La parte superior, llamada cuerpo del útero, es el lugar donde crece el bebé. El cuello uterino, en la parte inferior, conecta el cuerpo del útero con la vagina (el canal por donde pasa el feto al nacer).

Este cáncer (también conocido como cáncer cervical) se origina en las células que revisten el cuello uterino. Las células normales del cuello uterino primero cambian lentamente hasta transformarse en células precancerosas (displasia) y luego éstas se pueden convertir en cancerosas. Este proceso puede durar muchos años, pero a veces sucede con más rapidez. Estos cambios celulares se pueden detectar mediante la prueba de Papanicolaou y  pueden ser tratados para prevenir el desarrollo de cáncer

Existen dos tipos principales de cáncer de cuello uterino. Entre ocho y nueve de cada diez casos son carcinomas de células escamosas, los cuales al observarse con un microscopio, se ve que están formados por células parecidas a las células escamosas que cubren la superficie del cuello del útero. Para el resto de los casos, la mayoría son adenocarcinomas que comienzan en las células glandulares que producen mucosidad. Con menor frecuencia, el cáncer tiene características de ambos tipos y se conoce como carcinoma mixto o adenoescamoso.

Las lesiones precancerosas del cérvix así como las fases más tempranas del cáncer, generalmente, no causan ningún síntoma.

Sólo se detectan si la mujer acude regularmente a su ginecólogo y se realiza un estudio específico para detectar dichas lesiones (test de Papanicolau).

Cuando el tumor está más avanzado, los síntomas que con mayor frecuencia aparecen son los siguientes:

- Hemorragia vaginal anormal: esta hemorragia aparece entre reglas o tras las relaciones sexuales. En mujeres menopáusicas cualquier sangrado vaginal debe ser consultado con el ginecólogo.

- El dolor o las molestias durante las relaciones sexuales indican la existencia de problemas que deben ser consultados.

Fases o etapas del tumor:

Para poder determinar el tratamiento más adecuado para el cáncer de cuello de útero, es importante "clasificar" el tumor, es decir, determinar en qué fase se encuentra.

  • Estadio 0: denominado carcinoma in situ o carcinoma preinvasivo. El tumor es muy superficial y se limita a las células de la mucosa.
  • Estadio I: el tumor está limitado al cuello del útero.
  • Estadio II: el tumor se ha diseminado fuera del cérvix. Invade la vagina sin llegar al tercio inferior y/o a los ligamentos laterales (parametrios) sin llegar a la pared de la pelvis.
  • Estadio III: el tumor invade la parte más baja de la vagina, afecta a ganglios linfáticos próximos o alcanza los tejidos laterales del cérvix hasta alcanzar la pared de la pelvis.
  • Estadio IV: el cáncer se ha extendido a órganos próximos o presenta metástasis.

El cáncer de cuello uterino es el segundo cáncer más frecuente en mujeres después del de mama en el mundo. La edad media de diagnóstico es de 48 años, aunque aproximadamente el 47% de las mujeres con carcinoma invasivo de cérvix se diagnostica antes de los 35 años. Solo el 10% de los diagnósticos se hacen en mujeres mayores de 65 años.

Pero hay grandes diferencias entre los países más y menos desarrollados: mientras en estos últimos es el segundo  tumor en frecuencia, tras el cáncer de mama, en los países desarrollados su frecuencia ha disminuido drásticamente en las últimas décadas.

Entre el 80 y el 85% de los casos se registran en países en vías de desarrollo. Las campañas de diagnóstico precoz han jugado un papel esencial en la disminución de la incidencia de este tumor en los países desarrollados. Antes de las campañas de screening, la incidencia era similar en todos los países. 

Estudios realizados con técnicas de biología molecular de alta sensibilidad y con muestras biológicas adecuadas, detectan la presencia del Virus del Papiloma Humano (VPH) en prácticamente el 100% de los casos de carcinoma escamoso de cérvix.

Actualmente, no existe un tratamiento eficaz para la infección por estos virus. Sin embargo, las verrugas, papilomas o cualquier crecimiento anormal causado por estos virus pueden ser tratados eficazmente, con lo que se disminuye el riesgo de cáncer.

Es importante resaltar que la mayoría de las mujeres con infección por VPH no desarrollarán un cáncer de cérvix. Generalmente la infección desaparece sin ningún tratamiento, gracias a que el sistema inmune de la mujer ha sido capaz de destruir los virus.

Los tratamientos más frecuentemente empleados en el cáncer de cérvix son la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia.

Tratamiento quirúrgico:

La mayoría de los tumores de cérvix se diagnostican en fases tempranas, por lo que la cirugía suele ser un tratamiento local curativo. Suele ser el primero en llevarse a cabo. Con frecuencia, se añade la radioterapia para completar el tratamiento

La técnica más frecuentemente empleada es la extirpación de todo el útero, junto con los tejidos próximos, parte de la vagina y ganglios. En ocasiones, si el tumor está más avanzado, se extirpan los ovarios. A este tipo de intervención se le denomina histerectomía. Una vez que el útero se ha extraído, la vagina se cierra y queda como un fondo de saco con una cicatriz en la zona más profunda.

En el caso de mujeres jóvenes, con carcinoma in situ o con lesiones tumorales en el estadio más precoz y con deseos de tener hijos, puede conservarse el útero realizando extirpaciones muy limitadas. En estos casos es preciso realizar revisiones muy frecuentemente.

Con frecuencia tras la cirugía se añade un tratamiento con radioterapia para disminuir las posibilidades de que la enfermedad pueda reaparecer en la zona de la intervención.

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